En Chile se sigue viendo a la madera como sinónimo de precariedad, y no es así

No hay duda que el tema de la madera como insumo eje de desarrollo sustentable y amigable en la construcción para el país cada día toma más fuerza. Hasta avanzado el siglo 20, en Chile prácticamente se ignoraba la madera como material estructural, según el ingeniero civil de la Universidad de Chile, Mario Wagner Muñoz.

Hoy, según el experto, la madera trasciende espacios, incluso hasta el sector de la salud, al recordar que en Europa existe un dicho que dice: “si te sientes enfermo anda a vivir en una casa de madera. Si la enfermedad persiste, entonces anda ve al médico”. Lo anterior, según Wagner corresponde a lo que denomina cultura general de lo beneficioso que resulta “habitar en un ambiente natural y amistoso que es el que brinda la madera, con su calidez perceptiva, el contacto ambiental, y eso no te la brinda ningún otro material”.

Estas reflexiones sobre la importancia de creer en la madera como material privilegiado las hizo en el marco de las recientes jornadas del curso de cálculo estructural en madera realizado por la start-up Eligemadera, empresa que diseñó el primer software de cálculo estructural en madera en América Latina.

Durante su participación, Wagner, con más de 43 años de experiencia en el trabajo en madera, explicó también que “estamos todavía bastante lejos de lo que debiera ser en cuanto al grado de desarrollo. Acá en la cultura más general del chileno sigue persistiendo una posición un poquito anti-madera”.

“Cuando se piensa en casas de madera, se las asocia a situaciones de precariedad y emergencia y en lo posible , descartable, y  esto es  apreciable en todos los estratos sociales. Lo noto tanto a nivel popular y como acomodado. Al revés de lo que pasa en el hemisferio norte, donde vivir en una casa de madera es un privilegio y la gente de menos recursos es la que se ve obligada a habitar en ladrillo u hormigón y acero. En parte porque es la cultura que ellos heredaron de los colonos europeos, y la han mantenido”, dijo Mario Wagner.

En el caso chileno, aseveró que pese a que hubo influencia de insertar la madera en el sur del país gracias a migraciones alemanas, suizas y a la británica en el norte, finalmente no penetró. “En el mercado de viviendas si se ofrecen opciones en madera, hormigón y albañilería, apostaría que el 95% opta se va a ir para esta última opción”, indicó.

Es la calidad…

Wagner planteó también otra causal de porqué los chilenos no eligen la madera como tal, y es la calidad. “A diferencia de lo que sucede en países de América del Norte o de Europa, la clave reside en lo cualitativo de la madera. La gente es reacia a optar por la casa de madera, quizás porque lo que se le ha ofrecido hasta ahora, no ha sido del nivel como el que se ofrece en las regiones mencionadas”. “Y esto se debe, en gran medida, a los costos. Porque acá está la creencia de la casa de madera tiene que resultar más barata. Y no tiene porqué ser así. Si la calidad de vida que te asegura es superior, acéptale un precio también acorde con la calidad de vida que te va a proporcionar”, enfatizó Mario Wagner.

Y fue más allá: “si entregaras materiales de buena calidad, derivados de madera de buena calidad con soluciones arquitectónicas dignas para que la gente viva con suficiente privacidad y sin mezquindad de espacios, no me cabe duda que a la larga la vivienda de madera va a imponerse, pero para eso hay que dejar que el tiempo pase, que entren generaciones con una visión más amplia en la toma de decisiones, y vamos a tener poco a poco un avance en la construcción de madera”.

Lo bueno, insistió, es que en la actualidad “hay numerosos arquitectos, otros profesionales e Instituciones participando en este proceso de darle valor a la madera  y eso es muy bueno, porque el arquitecto tiene claro estas percepciones y las va volcando en sus soluciones, de manera que si en estos cursos estan predominando los arquitectos, es muy bueno”.

Otro factor clave que abordó Wagner fue la “transparencia del mercado”. “En América del Norte cuando uno va a comprar producto de madera, uno sabe claramente qué está comprando, qué producto es, hasta que nivel le puede exigir, cual es su orígen, quién lo elaboro, o que industria es responsable, porque si algo no funciona de acuerdo a su timbre de identificación, tengo a quien demandar. Entonces todos los productos del campo de construcción en madera son identificables, con sus atributos claramente marcados en cada especie. Cuando hay un mercado transparente, se incentiva al consumidor a su uso y si la caracterización de ese producto ha sido hecha en forma rigurosa, se motiva a los calculista, a ingenieros y arquitectos a usarlo en sus proyectos” dijo Wagner.

“Lo que se lee hoy es que no hay ningún impedimento lógico que restringa la altura de la edificación en madera. Ahora pienso que cuando se piensa en construcción en altura, alternativa muy en boga en la actualidad, la solución lógica es la hibrida, con núcleos de hormigón armado y de los que se “cuelgan” las componentes estructurales y constructivas de madera. Con esto se va dando calidad de vida al hábitat, y las tareas de neutralización de las cargas horizontales de sismos y vientos  se las cedemos gentilmente al hormigón”, explicó el profesional. La madera puede participar equitativamente en la transmisión de las cargas verticales.

Norma

Wagner se refirió también a la  norma de cálculo de estructura en madera, y señaló que aún sigue siendo un documento “que es enfocado por muchos como un ladrillo”, atribuyéndole al documento una condición de norma compleja. Sin embargo, considero que quienes lo hacen, no han tenido formación profesional en madera”.